Desafíos para avanzar en la industrialización de la vivienda

En su columna, el director del CCI destacó las posibilidades que ofrece el país para avanzar en materia de industrialización del sector vivienda, los avances de la autoridad en esta materia y también, el camino que falta por recorrer para la adopción definitiva de metodologías constructivas industrializadas en este ámbito de la industria.

Por Gian Capurro, director del Consejo de Construcción Industrializada (CCI) y Consejero Nacional de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC)

La vivienda industrializada en Chile está dejando de ser una promesa para convertirse en una realidad concreta. En los últimos años hemos visto cómo distintos proyectos han demostrado, con evidencia y no solo con discurso, que es posible construir de manera distinta: con mayor control, mejor planificación, menos residuos, mejores condiciones laborales y tiempos de respuesta que hace poco parecían difíciles de imaginar.

Pero este avance no se limita a la vivienda. Lo que hoy gana espacio en Chile es la construcción industrializada en todas sus expresiones y la vemos crecer en vivienda pública, reconstrucción, minería, agroindustria, turismo, educación e infraestructura. El tiempo, la calidad y la productividad dejaron de ser ventajas competitivas para transformarse en condiciones indispensables. Cuando la economía pierde dinamismo, la respuesta no es construir más, sino construir mejor, y la industrialización responde a esa necesidad integrando planificación temprana, metodologías BIM, coordinación de especialidades y procesos estandarizados que reducen incertidumbre y entregan mayor certeza en costos y plazos.

En la foto, Gian Capurro, director del CCI y Consejero Nacional de la CChC. Crédito: Gentileza CCI

Chile tiene una condición que pocos países pueden exhibir. Nuestra geografía y la permanente exposición a terremotos, incendios forestales, inundaciones, sequías, nevazones, aluviones y tsunamis nos han obligado a innovar durante décadas. Lo que para otros es una excepción, para nosotros es parte de la vida cotidiana y esa experiencia acumulada nos ha convertido en un laboratorio natural para desarrollar infraestructura resiliente. Ese es un activo estratégico: pocos países cuentan con la trayectoria práctica que Chile tiene para responder a un mundo donde la adaptación climática será cada vez más determinante. Bien capitalizado, ese conocimiento puede convertir a Chile en un referente para Latinoamérica y el mundo en soluciones habitacionales resilientes.

Esta transformación, además, ya no pertenece a un solo tipo de empresa. Participan fabricantes de módulos, sistemas panelizados, componentes industrializados y constructoras que han incorporado procesos de fabricación avanzada. La industrialización no es una categoría de empresas; es una capacidad que está desarrollando todo el ecosistema para diseñar, fabricar y ejecutar con mayor precisión y calidad.

Para que esta transformación escale, la industria y los procesos públicos deben evolucionar juntos, —y hay señales claras de que así está ocurriendo. A nivel central, el MINVU ha dado pasos concretos en esa dirección: ha avanzado en la certificación de viviendas industrializadas y ha incorporado consideraciones de industrialización en circulares y llamados a licitación de decretos. El siguiente paso, que ya está en el horizonte, es consolidar ese impulso en el último tramo de la cadena de valor: la bajada a regiones, agilizando y estandarizando procesos y generando protocolos prácticos adaptados a cada territorio. Los SERVIU con mayor trayectoria y experiencia acumulada son una prueba de que es posible, y un activo real para acelerar el aprendizaje de los que están en etapas más tempranas. Ahí reside una oportunidad concreta para el Ministerio: hacer que la industrialización avance con equidad territorial, convirtiendo la diversidad regional en fortaleza del sistema.

También queda camino por recorrer en lo cultural. Durante mucho tiempo la vivienda modular o prefabricada fue vista con prejuicio, como si industrializar significara empobrecer el diseño. Esa mirada está cambiando: hoy hay arquitectos, ingenieros, proveedores y constructores que han comprobado que la modulación también permite buena arquitectura y desempeño. Como suele ocurrir en la construcción, la gente necesita ver para creer, y por eso la evidencia construida —los proyectos que ya están en pie— es la mejor palanca de cambio.

Chile enfrenta un déficit habitacional que exige más velocidad, pero no cualquier velocidad: necesitamos soluciones oportunas, bien diseñadas, sostenibles y de calidad. Ahí es donde la industrialización, sumada a la inteligencia artificial, la digitalización y la manufactura avanzada, puede marcar la diferencia, porque no se trata solo de fabricar viviendas más rápido, sino de transformar toda la cadena que las hace posibles.

Cada vez que Chile enfrenta una catástrofe, las diferencias pasan a un segundo plano y emerge una enorme capacidad de colaboración. Ese mismo espíritu está presente en la construcción industrializada: reducir el tiempo de espera de las personas, acelerar la recuperación de los territorios y convertir la experiencia acumulada en una oportunidad para innovar. Porque la industrialización no es una categoría de empresas ni una tecnología en particular; es la capacidad de un país para construir mejor. Y un país que aprende a construir mejor, aprende también a crecer con mayor resiliencia, competitividad y desarrollo para las próximas generaciones.